Estrategias que te ayudan a conseguir la fuerza de voluntad para comer y entrenar bien

Por suerte para nosotros, el cuerpo no es lo único que se puede entrenar, sino que la fuerza de voluntad también. Para ello, existen una serie de técnicas que podemos llevar a cabo, para entrenar esta fuerza de voluntad.

Objetivos claros y alcanzables

Este es uno de las técnicas más básicas cuando se trata de entrenar la fuerza de voluntad y la motivación. Ponernos objetivos que no estén claros, que no estén bien definidos, que sean ambiguos o que no se adapten a nuestras necesidades y posibilidades nos llevan inevitablemente al flaqueo en nuestra fuerza de voluntad.

“El que mucho abarca poco aprieta” decía mi abuelo y tenía razón. A veces pretendemos cambiar todos nuestros hábitos de golpe: ir al gimnasio siete días a la semana, mantener una dieta estricta, intentar ser ordenados, pasar la aspiradora todos los días, cuidar nuestra piel, madrugar más, irnos a dormir antes y así hasta un infinidad de objetivos. ¿Qué ocurre? Que empezamos muy motivados y el primer día nuestra fuerza de voluntad está en su punto más alto, el segundo día ya tenemos menos y al tercer día no nos queda nada.

Registrar nuestros objetivos

Tener la medición de lo que hacemos nos incita a mantener todavía más la atención. En definitiva, al mantener registros, entramos en un ciclo de atención y fuerza de voluntad que se alimentan mutuamente. También nos permite ver cuáles son nuestros avances, lo cual nos da un chute de motivación que refuerza nuestra fuerza de voluntad.

Manternos alejados de las tentaciones

Lo mejor es mantenernos alejados de las tentaciones: puede ser retirándolos de nuestra presencia o buscando una distracción cuando no podemos evitarlos. Cambiar el foco de atención del elemento tentador nos ayuda a distraernos del elemento tentador y evitarle a nuestra voluntad ese gasto.

Caidas

Va a haber ocasiones en las que vamos a flaquear, en las que vamos a estar más cansados y en las que la fuerza de voluntad no va a resistir. Debemos tener claro que esto puede ocurrir y que no pasa absolutamente nada por ello. Castigarnos en exceso es desmotivador y no ayuda a continuar más fácil, sino que alimenta el deseo de tirar la toalla.